jueves, 8 de enero de 2015

Epilogo eliminado de Maybe Someday

 

Maybe Someday - Colleen Hoover 

Hola, a todos :) en esta entrada les traigo con muchísima emoción el epílogo eliminado del libro de maybe Someday.

Epílogo
Traducido por NnancyC
Maggie
Dejo el bolígrafo sobre el papel. Mi mano está temblando demasiado para finalizar de completarlo, así que inhalo un par de respiraciones rápidas en un intento de recuperar mi compostura.
Puedes hacer esto, Maggie.
Levanto el bolígrafo de nuevo, pero creo que mi mano está temblando peor que antes que lo dejara abajo.
―Déjame ayudarte con eso ―dice una voz. Levanto la mirada para ver al instructor de salto en tándem sonriéndome. Agarra el bolígrafo de mi mano y recoge el sujetapapeles, luego toma un asiento en la silla a mi derecha―. Tenemos a muchos primerizos nerviosos. Es más fácil si sólo me permitieras llenar el papeleo debido a que tu letra probablemente no será legible ―dice―. Actúa como si estuvieras a punto de saltar de un avión o algo. ―Me guiña un ojo y se ríe.
Dejo salir una respiración de alivio, pero se vuelve nerviosa de nuevo cuando me doy cuenta de que soy una mentirosa horrible. Mentir en la sección de medicina habría sido mucho más fácil si yo estuviera llenándolo. No estoy segura de que le pueda mentir en voz alta a este chico.
―Gracias, pero puedo hacerlo. ―Intento agarrar el sujetapapeles de vuelta, pero lo quita de mi alcance.
―No tan rápido… ―Mira rápidamente a mi formulario―. Maggie Carson. ―Ofrece su mano, todavía sosteniendo el sujetapapeles fuera de mi alcance con la otra―. Soy Jake, y si estás planeando saltar de un avión a 10.000 pies mientras que estás en mis manos, lo menos que puedo hacer es finalizar tu papeleo.
Estrecho su mano, impresionada con la fuerza detrás de su agarre. Sabiendo que aquellas son las manos en las que estoy a punto de confiar mi vida, me tranquiliza una diminuta fracción.
―¿Cuántos saltos has completado? ―le pregunto.
Sonríe, luego regresa su atención a mi papeleo. Comienza a darle vueltas a las páginas. ―Serás mi quingentésima.
―¿En serio? Quinientas suena como una gran cosa. ¿No deberías estar celebrando? ¿Obtienes alguna clase de distinción?
Trae sus ojos de nuevo a los míos y pierde su sonrisa. ―Preguntaste cuántos saltos he completado. No me gusta celebrar antes de tiempo hasta que ciertamente sobreviva al salto.
Trago saliva.
Se ríe y toca mi hombro. ―Estoy bromeando, Maggie. Relájate. Estás en buenas manos. ―Sonrío al mismo tiempo que inhalo otra profunda respiración. Comienza a desplazarse a través del formulario―. ¿Alguna afección médica? ―pregunta, ya presionando el bolígrafo en el recuadro de no.
No le contesto. Mi silencio provoca que levante la mirada a mí y repite la pregunta―: ¿Alguna afección médica? ¿Enfermedades recientes? ¿Algún ex-novio loco del que debería ser consciente?
Sonrío por su último comentario y niego con la cabeza suavemente. ―No a exs locos. Sólo uno muy bueno.
Sonríe. ―¿Qué hay sobre la otra parte de la pregunta? ¿Afecciones médicas? ―Espera por mi respuesta, pero fallo al darle nada aparte de una pausa nerviosa. Sus ojos se entornan y se inclina hacia adelante, mirándome cautelosamente―. ¿Es terminal?
Niego con la cabeza. ―Aún no.
Sus labios forman una línea fina y se detiene, analizándome con cuidado con sus ojos. ―¿Entonces, qué es, Maggie Carson?
Bajo la mirada a mis manos, dobladas sobre mi regazo. ―Es posible que no me dejes saltar si te dijera.
Se acerca a mí hasta que su oído está cerca de mi boca. Una ola de su aliento acaricia mi clavícula y de inmediato estoy cubierta de escalofríos. ―Si lo dijeras en voz lo suficientemente baja, hay una buena probabilidad de que ni siquiera podría oírlo ―dice en voz susurrada.
Se echa ligeramente hacia atrás y me mira mientras espera mi respuesta.
―CF ―le digo. No estoy segura de que siquiera sabrá lo que significa CF, pero si lo mantengo sencillo, quizás no me haga demasiadas preguntas.
―¿Cómo están sus niveles de O2?
Tal vez sabe lo que significa.
―Hasta ahora bien.
―¿Tienes un permiso de tu médico?
Niego con la cabeza. ―Es una decisión de último minuto. Tiendo a ser un poco impulsiva a veces.
Sonríe, luego mira de nuevo al formulario y marca no en afecciones médicas. Vuelve a levantar la mirada. ―Bueno, tienes suerte porque resulta que soy médico. Pero si murieras hoy, voy a decirles a todos que mentiste sobre esta pregunta.
Me río y asiento en acuerdo, agradecida de que esté dispuesto a restarle importancia. Sé que es una gran cosa. ―Gracias.
―¿Por qué? ―dice sin mirarme.
Continúa para desplazarse por la lista de preguntas y las contesto con honestidad hasta que finalmente llegamos a la última página. ―Bueno, la última pregunta ―dice―. ¿Por qué quieres lanzarte en paracaídas?
Me acerco a él para echar un vistazo a la forma. ―¿Realmente es una pregunta?
Sostiene el papel en alto para que pueda verlo. ―Sip. Justo aquí.
Echo una mirada a la pregunta, entonces le doy una respuesta franca y honesta. ―Supongo que porque me estoy muriendo. Tengo una larga lista de cosas por hacer antes de morir.
Sus ojos se endurecen como si mi respuesta de alguna manera le disgustara. Vuelve su atención a las formas, así que inclino la cabeza, miro sobre su hombro de nuevo y veo mientras escribe una respuesta que no es en absoluto la que le di.
―Quiero saltar en paracaídas porque quiero experimentar la vida al máximo.
Me entrega el formulario y el bolígrafo. ―Firma aquí ―dice, señalando la parte inferior de la página. Después de que firmo el formulario y se lo devuelvo, se pone de pie y me extiende una mano―. Vamos a acomodar nuestros paracaídas, quinientos.
***
 
―¿En verdad eres médico? ―grito por encima del rugido de los motores.
Estamos sentados justo enfrente del otro. Sonríe con una enorme sonrisa llena de dientes muy derechos y blancos, apostaría dinero que en realidad es un dentista.
―Cardiólogo ―grita. Agita una mano alrededor del interior del avión―. ¡Hago esto por diversión!
Impresionante.
―¿Tu esposa no se molesta porque estés tan ocupado todo el tiempo?
Oh, dios.
Esa fue una pregunta tan obvia y cursi. Me estremezco ante el hecho de que incluso pregunté eso en voz alta. Nunca he sido buena en el coqueteo.
Se inclina hacia delante. ―¿Qué? ―grita.
Jesús. ¿En verdad va a hacer que lo repita? ―¡Te pregunté si tu esposa se molesta porque estás tan ocupado todo el tiempo!
Sacude la cabeza y desabrocha su arnés de seguridad, luego se mueve al asiento junto a mí. ―¡Hay demasiado ruido aquí! ―grita―. ¡Dilo una vez más!
Pongo los ojos en blanco y empiezo a preguntarle de nuevo―: ¿Tu esposa...
Se ríe y presiona un dedo en mis labios, luego se inclina hacia mí. Mi corazón reacciona más a este movimiento rápido que al hecho de que estoy a punto de saltar de un avión.
―Estoy bromeando ―me dice al oído, quitando el dedo de mis labios―. Te veías tan avergonzada después de la primera vez que lo dijiste, quería hacer que lo repitas.
Le doy una palmada en el brazo. ―¡Estúpido!
Se ríe y se pone de pie, luego llega mi arnés de seguridad y presiona el pestillo para abrirlo. Me levanta de un tirón. ―¿Estás lista para esto?
Asiento, pero es una mentira. Estoy absolutamente aterrada y si no fuera por el hecho de que este chico es médico, hace cosas como estas por diversión y es muy sexy, probablemente estaría echándome atrás ahora mismo.
Me gira hasta que mi espalda está contra su pecho y conecta nuestros arneses de seguridad hasta que estoy abrochada seguramente a él. Tengo los ojos cerrados cuando lo siento ponerme las gafas de seguridad. Después de varios minutos esperando a que termine de prepararnos, me lleva adelante hacia la abertura del avión y baja su boca a mi oído de nuevo.
―No tengo una esposa, Maggie. De lo único que estoy enamorado es de mi vida.
Sonrío, me gusta mucho esa respuesta. Hizo que la pregunta valga la pena las tres veces que tuve que repetirla.
Aprieto mi agarre alrededor de mi arnés. Llega alrededor de mí y toma mis dos manos, luego las hace descender a mis lados. ―Sesenta segundos más ―dice―. ¿Me puedes hacer un favor?
Asiento con la cabeza, demasiado asustada a estar en desacuerdo con él en este momento ya que prácticamente he puesto mi destino en sus manos.
―Si llegamos a la tierra con vida, ¿me dejas llevarte a cenar? ¿Para celebrar que eres mi quingentésima?
Me río del tono sexual involuntario en su pregunta. Lo miro y me doy cuenta por primera vez que sus ojos son de una tonalidad idéntica al cielo por debajo de nosotros. ―¿Los instructores incluso tienen permitido salir con sus alumnas? ―le grito.
Sonríe. ―No lo sé ―dice, encogiéndose de hombros―. La mayoría de mis alumnos son hombres y nunca he tenido el deseo de preguntarle a uno de ellos hasta ahora.
Sus ojos azules me están sonriendo, esperando que diga que sí. ―Te dejaré saber mi respuesta cuando aterricemos en forma segura ―le digo.
―Me parece justo. ―Me empuja un paso hacia adelante, luego entrelaza sus dedos con los míos, extendiendo nuestros brazos―. Esto es todo, Maggie. ¿Estás lista?
Asiento mientras mi pulso de algún modo comienza a latir más rápido que antes y mi pecho se oprime con el miedo que me consume, sabiendo que lo voy a hacerlo de buena gana. Siento su aliento en mi cuello cuando avanza hasta el borde mismo de la abertura del avión. ―¡Sé que dijiste que quieres lanzarte en paracaídas porque estás muriendo, pero necesito informarte de lo increíblemente equivocada  que estás! ¡Esto no es morir, Maggie! ¡Esto es vivir!
Con eso, nos empuja a ambos hacia adelante... y saltamos.